Pista Ramona

Domingo de verano por la tarde, quietud en el pueblo, polvo en la calle, al anochecer llegan algunos carruajes llenos de capazos llenos de tomates entreverados, caballos alegres al final de la jornada. Grupos de jóvenes van i vienen por la carretera vieja del pueblo. Allí, la pista polivalente, todo y que en aquellos años la palabra puede ser que no existiera. Por la tarde patinaban los más rezagados a una velocidad ciertamente peligrosa. Entre dos luces empezaba el baile, siempre con orquesta en directo.
 
Los músicos formaban conjuntos, muchos de los cuales tenian reconocida fama por los alrrededores.  Dos conjuntos musicales, Sur y Avenida, solian alternarse en las actuaciones. Más tarde aparecieron Julio y los Hobbies y New Boys, mientras los dedos recorrian el teclado del acordeón, el volalista interpretaba las letras de una tango, vals, polca, mambo, fox trot, twist o de otro ritmo que interpretaban estos artistas de la época.

 
Las jóvenes, sentadas ordenadamente, esperaban que alguien las invitara a bailar, era una oferta tentadora y después de algunas dudas, solian formarse las parejas. Pero alguna vez la chica daba calabaza y el  pretendiente tenia que intertarlo de nuevo con otra joven.
 
Si las cosas salian mal, podía ir al bar, donde la «tia Ramona», a parte de ciudar geranios, jazmines i otras flores, siempre tenía palabras de ánimo y una copa vigorosa para dar coraje al batallador y probar suerte otra vez. Los novios formaban siempre pareja fija mientres las parejas ocasionales solian bailar dos piezas porque, si continuaban, eran «acusados» de festejar. El pasodoble «Valencia» ponia fin a aquellas danzas de insinuaciones hasta el próximo domingo.
Habia hora de finalizar porque a continuación conmenzaba la sesión de cine.